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      《一千零一夜》連載三十五c

      時間:2011-11-29來源:互聯網  進入西班牙語論壇
      核心提示:《一千零一夜》連載三十五c Entonces, tras de inclinarse en prueba de obediencia, el efrit de la lmpara dobl completamente el espinazo, y dijo a Aladino: Mntate en mis hombros, oh dueo de la lmpara! Y Aladino se mont en los hombro
      (單詞翻譯:雙擊或拖選)

      《一千零一夜》連載三十五c

      Entonces, tras de inclinarse en prueba de obediencia, el efrit de la lámpara dobló completamente el espi­nazo, y dijo a Aladino: “Móntate en mis hombros, ¡oh dueño de la lám­para!” Y Aladino se montó en los hombros dei efrit, dejando colgar sus piernas sobre el pecho del genni; y el efrit se elevó por los aires, ha­ciéndole invisible, como él lo era, y le transportó a un hammam tan hermoso que no podría encontrár­sele hermano en casa de los reyes y kaissares. Y el hammarn era todo de jade y alabastro transparente, con piscinas de coralina rosa y coral blanco y con ornamentos de piedra de esmeralda de una delicadeza en­cantadora. ¡Y verdaderamente po­dían deleitarse allá los ojos y los sentidos, porque en aquel recinto na­da molestaba a la vista en el con­junto ni en los detalles! Y era deli­ciosa la frescura que se sentía allí y el calor estaba graduado y pro­porcionado. Y no había ni un ba­ñista que turbara con su presencia o con su voz la paz de las bóvedas blancas. Pero en cuanto el genni de­jó a Aladino en el estrado de la sala de entrada, apareció ante él un joven efrit de lo más hermoso, semejante a una muchacha, aunque más seduc­tor, y le ayudó a desnudarse, y le echó por los hombros una toalla grande perfumada, y le cogió con mucha precaución y dulzura y le condujo a la más hermosa de las salas, que estaba toda pavimentada de pedrerías de colores diversos. Y al punto fueron a cogerle de manos de su compañero otros jóvenes efrits, no menos bellos y no menos seduc­tores, y le sentaron cómodamente en un banco de mármol, y se dedica­ron. a frotarle y a lavarle con varias clases de aguas de olor; le dieron masaje con un arte admirable, y vol­vieron a lavarle con agua de rosas almizclada. Y sus sabios cuidados le pusieron la tez tan fresca como un pétalo de rosa y blanca y encar­nada, a medida de los deseos. Y se sintió ligero hasta el punto de poder volar como los pájaros. Y el joven y hermoso efrit que habíale condu­cido se presentó para volver a coger­le y llevarle al estrado, donde le ofreció, como refrescó, un delicioso sorbete de ámbar gris. Y se encon­tró con el genni de la lámpara, que tenía entre sus manos un traje de suntuosidad incomparable. Y ayu­dado por el joven efrit de manos sua­ves, se puso aquella magnificencia, y estaba semejante a cualquier rey entre los grande reyes, aunque te­nía mejor aspecto aún. Y de nuevo le tomo el efrit sobre sus hombros y se le llevó, sin sacudidas, a la habitación de su casa.

      Entonces Aladino se encaró con el efrit de la lámpara, y le dijo: “Y ahora ¿sabes lo que tienes que ha­cer?” El genni contestó: “No, ¡oh dueño de la lámpara! ¡Pero ordena y obedeceré en los aires por donde vuelo o en la tierra por donde me arrastro!” Y dijo Aladino: “Deseo que me traigas un caballo de pura raza, que no tenga hermano en her­mosura ni en las caballerizas del sultán ni en las de los monarcas más poderosos; del mundo. Y es precisó que sus arreos valgan por sí solos mil millares de dinares de oro, por lo menos. Al mismo tiempo me trae­rás cuarenta y ocho esclavos jóvenes, bien formados, de talla aventajada y llenos de gracia, vestidos con mu­cha limpieza, elegancia y riqueza, para que abran marcha delante de mi caballo veinticuatro de ellos pues­tos en dos hileras de a doce, mientras los otros veinticuatro irán detrás de mí en dos hileras de a doce también. Tampoco has de olvidarte, sobre to­do, de buscar para el servicio de mi madre doce jóvenes como lunas, úni­cas en su especie, vestidas con mu­cho gusto y magnificencia y llevan­do en los brazos cada una un traje de tela y color diferentes y con el cual pueda vestirse con toda confian­za una hija de rey. Por último, a ca­da uno de mis cuarenta y ocho escla­vos le darás, para que se lo cuelgue al cuello, un saco con cinco mil di­nares de oro, a fin de que haga yo de ello el uso que me parezca. ¡Y eso es todo lo que deseo de ti por hoy...

       

      En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la maña­na, y se calló discretamente.

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